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KEEP CALM and GO BAREFOOT

viernes, 24 de febrero de 2017

Otra vez Sevilla y van 8.......


Que de cosas pasan por la cabeza cuando corres un maratón. Un cúmulo de sensaciones inexplicable deambulan por nosotros sin un argumento lo suficientemente convincente para aclarar  el que  hacemos aquí.  Son momentos difíciles, nos machacamos, sentimos dolor, nos quedan secuelas, pero también en el haber están  esos momentos  que no cambiamos por nada.  Todo esto hace que sigamos y sigamos en esta aventura de la que estamos enfermo y que es como la propia vida, con sus sinsabores y con las satisfacciones, que es con lo que nos quedamos.
Esta vez era el octavo…..uff,  bonita cifra para luchar contra Filipídes. Todo apuntaba bien. Las sensaciones mejor que nunca. El plan que llevé brilló por su ausencia. Como siempre saliendo a correr por sensaciones y los domingos apretando  un poco más. Siempre me funcionó este sistema, aunque no puedo dejar  de reconocer que son efectivos, nunca he sido amigo de esos planes metódicos  y milimétricamente diseñado para hacer una determinada marca. Prefiero el día a día e  ir sumando el máximo de kilómetros.
Presumía que todo  podía ser distinto. Había algo muy importante que lo podía cambiar todo. Era mi primer maratón con sandalias. Algo nuevo, ilusionante al que tenía que plantarle cara con las posibles dudas que me acompañaban.

Con Javi Hernández viví el antes y el después.  Fueron parte de dos días en los que compartimos experiencias, anécdotas y sobre todo en los que aprendí mucho de sus correrías por todo el mundo.  Javier es un consumado ultranfondista que no le queda carrera importante por disputar.
Llegamos el sábado al medio  día a la feria, bastante animación, las fotos de rigor y para la comida de la pasta. Un platazo nos metimos, había que cargar hidratos para el Domingo.
Al día siguiente madrugón, este año era más temprana la salida. Desayuno contundente y rumbo al olímpico. Lloviznaba algo, que unido al viento y a la humedad reinante, formaban un aterrador escenario que nos hacía dudar.
Pistoletazo y a correr. Afortunadamente un poco antes de la salida dejó de chispear y curiosamente el viento también  desapareció  como por arte de magia. Como siempre la música a tope y AC DC acompañando momentos antes. Los vellos  de punta y palante.
Mi intención era la de tener un ritmo constante  y mantenerme, siempre que las fuerzas estuviesen de mi lado, por delante del globo de 3:30. Y así fue. En todo la carrera no me adelantó.
Los cinco primeros kms. pasaron volando, ni me enteré.  El garmin me iba marcando un ritmo medio de 4:37. Iba muy cómodo, disfrutando en todo momento  de la carrera y de Sevilla. Siempre que he participado en un  maratón, tengo una mínima que la llevo a rajatabla y es parar y beber en todos los avituallamientos, pienso que es fundamental la hidratación en una carrera tan exigente.
Siguen pasando los kms. paso el diez en algo más de 45 minutos…bien.  El ritmo sigue controlado, las sensaciones buenísimas y todo funcionando a la perfección. Los pies sin problemas y cada vez más contento.

El paso por la zona de la Macarena, espectacular,  muchísima gente animando y dando calor  a los corredores. El siguiente objetivo era el del medio maratón, pensaba que si llegaba sobre los 1:40, sería todo un éxito, pero cuál fue mi sorpresa que cuando pasé por el arco el crono marcaba 1:38. Subidón, se me empieza a pasar por la cabeza que puedo bajar  de los 3:30. El globo muy por detrás, de vez en cuando volvía la vista y sin rastro de él…buena señal.  Mi siguiente referencia: el campo del Betis, aún quedaba mucho, pero ya empezábamos a descontar.
Era consiente que aunque  me encontraba bastante bien, los momentos malos tendrían que llegar y así fue. En el 28 me vino un pequeño bajón. Las fuerzas ya no eran las mismas y opté por tomarme un totum que lo tenía reservado para un poco más adelante. Bebí dos vasos de acuario y de nuevo empecé a recuperar, aunque ya no iba tan fino. Afortunadamente pasó y llegue al Villamarín en el 32.  Empezó la Palmera, interminable, posiblemente uno de los tramos más temidos del maratón, lo positivo, que al final nos metíamos de lleno en lo mejor. El parque de María Luisa, impresionante, qué bonito, qué luz, qué animación, qué de gente.  Me adelanta un corredor con sandalias, nos saludamos y estuvimos un rato conversando.  Le pregunto  qué de donde es, y me responde,   joder…. de Bilbo, ostias…. que bonito es correr por Sevilla. Me anima a que sigamos junto pero le digo que siga, iba un puntito más rápido. Entramos en Reyes Católicos y al pasar por la Catedral casi había que correr en fila india por la cantidad de gente que había animado. Pasamos por el Duque, la Alameda y por fin el rio y la Barqueta. Empiezo a mirar más asiduamente el crono,  los cálculos mentales que hago me dan como resultado que los sub 3:30 prácticamente los tengo en el bote.  Aparece a lo lejos el Olímpico y aprieto los dientes. Ya no queda nada, increíblemente voy mejor de lo esperado . Entro en el  túnel y me sumerjo en la magia que envuelve el final de esta maravillosa carrera. Paso el 42 y enfilo la recta final, me niego a mirar el digital de la meta, cruzo el arco y paro el crono. Miro el reloj  y me llevo el sorpresón 3:23:08. Increíble, no me lo creo, he hecho MMP, menudo bocado le he metido a mi marca, más de 4 minutos. Irremediablemente se me saltan las lágrimas. Que satisfacción más grande.  Una chica me da la medalla y como es preceptivo le doy los dos besos de rigor. He vuelto a vencer al maratón y esta vez en sandalia. 


Mi amigo Javi hizo un extraordinario maratón, parando el crono en 3:33, fenomenal. No me quiero olvidar de tantos amigos  con los que he compartido entrenos como Cathy, Inma, Natalia, Jorge, Dani, Raúl Lasa, Jesús López, Raúl, Pepe Corbella, Jaime, Salvador, Jesús García, Javier Rocha y Jesús Zarza entre otros. Además de Miguelón que estaba en el 26 de voluntario. Enhorabuena  a todos. También destacar que nuestro club  ocupó el puesto nueve en cuanto a la clasificación por participación, un pelotazo.