Duda, duda y más que duda. Como siempre y no me
explico la causa, otra vez igual. Puedo estar bien, con molestias, en
fin, siempre la incerteza me ronda la cabeza en los preliminares de correr algo
importante. Creo que es un síntoma que lo padecemos la mayoría de los que
estamos enfermo de maratón.
Todo esto es lo que se me ha estado pasado por el coco durante un par de
semanas antes de correr por Sevilla. El motivo, pues por una parte unos
problemillas de ciática que me han dado algo la lata y sobre todo el deficiente
entrenamiento que he tenido un mes ante
por temas laborales.
Pero allí estaba el tío, fiel a los últimos ocho
maratones ininterrumpido en los que he disfrutado de Sevilla.
No había escusas, había que estar e intentar
hacer una digna carrera aunque costara.
Como ya es tradición, nos fuimos el sábado para
allá. Javi se encontraba desde el viernes por allí y con Jorge pusimos rumbo a
Sevilla.
La primera parada, la habitual. La Feria del
corredor nos estaba esperando. Bastante gente por todos los estands, las fotos
de rigor para el postureo correspondiente
y a comer el plato de macarrones que nos invitaba la organización en la
ya clásica comida de la pasta.
Y al hotel. Queríamos descansar lo máximo y sobre
todo tener las patitas en alto para llegar los más descansado posible a la
salida.
A correr, llego ese momento en el que casi todo se olvida. Ya nada importa,
estamos dentro de la magia que rodean este tipo de pruebas. Infinidad de
corredores, muchos extranjeros y un colorido espectacular en todo el entorno,
ambientado por los ánimos del speaker y los decibelios de la megafonía.
Sorprendentemente, me encontraba súper relajado y
muy tranquilo. Se nota las tablas que empiezo a tener en estas carreras.
Mi objetivo como siempre que me enfrento al Filipides,
era intentar luchar, terminar y no dejar que el maratón me devore.
Pistoletazo y a difrutarsufrir que es de lo que
se trata. Nada más salir, intenté buscar
el globo de los 3:30 y unirme a él. La táctica era simple, me tenía que
enganchar e intentar aguantar hasta los cinco últimos kilómetros y en ese
momento, atacar si seguía con fuerzas, e
intentar quedar por delante o seguir igual hasta meta.
Del globo ni rastro, no lo vi en toda la carrera.
Salí cómodo, y bastante conservador. Tenía que gestionar las fuerzas y tener
munición para el final, lo que implicaba, ser reservón.
Me había propuesto olvidarme del crono, quería
hacer una carrera por sensaciones y no exprimirme en demasía. Era consciente de
que en cualquier momento podía tener algún brote de ciática y petar.
Nada más salir, me encuentro a un corredor en
sandalias, nos saludamos y me comenta que es el primer maratón que hace de
esta forma y que está algo temeroso. Lo animo y le digo que no se preocupe que
las sandalias es el mejor bálsamo que le podemos aplicar a los pies en estas
distancias.

Qué bonita estaba Sevilla, pasamos por la Torre del Oro y la Maestranza, casi sin darnos cuenta. Voy bien
mejor de lo esperado, las pulsaciones muy controladas y las sensaciones que me va
trasmitiendo el cuerpo son magníficas.
Llegamos al diez y sigo igual de bien. Voy disfrutando como nunca, todo
perfecto. De vez en cuando miro el GPS y el ritmo medio se mantiene en torno a
los 4:40, genial. Aun así, soy consciente de que queda mucho pero empiezo a ser
optimista. Como es mi costumbre, me voy
parando en todos los avituallamientos para beber. Sobre el quince me tomo el
prime Totum (por cierto los tres que me llevé estaban cumplidos) y a por el
medio maratón. Sorprendentemente cruzo el arco en 1:38. Increíble, sigo al
mismo ritmo y con las fuerzas a tope, la ciática de momento dormida, las
piernas con poderio y empezando a creer que puede salir una buena carrera.
El siguiente objetivo, el campo del Betis sobre
el 32. Sigo de lujo. Por mi cabeza empieza a aparecer la posibilidad de hacer marca si continúo
de esta forma. El ritmo me marca por debajo de
5 y sigo con bastante motor.
Bajar de los 3:20, sería algo increíble, pero vuelvo a mi realidad, queda lo más bonito de la carrera pero también
lo más difícil. La Palmera se me hace interminable, demoledora, siempre se me
atraganta. El calor empieza a apretar y al entrar en la Plaza de España me tomo
el segundo totum. Empiezo a sentir los primeros síntomas de cansancio, aunque
voy bien, el cuerpo empieza a avisarme. Voy buscando las sombras y las primeras
sensaciones negativas empiezan a aparecer. Ya no voy con tanta frescura, van
cayendo los kilómetros y pasamos por La Macarena. Inevitablemente los cálculos
de tiempos empiezan a rondarme la
cabeza. Hago una estimación y creo que aunque
solo me quedan sobre 5 kms. es muy difícil hacer marcas. Las alarmas empiezan
a avisar, claramente voy por encima de 5. El cansancio ya empieza a hacer
mella. Pasamos por el Duque, la Plaza Nueva y enfilamos la Catedral y la
Giralda. Lo tengo hecho, sé que este maratón está en el saco, no queda nada.
Reyes católicos, la animación a tope y la ciática sin aparecer. Contento no, lo
siguiente. Qué maravilla, que bonito, que colorido y que ambientazo, giramos a
la derecha y las Delicias. Nada, ya es mío, como siempre aparece el nudo en la garganta. Otra vez y
van trece, veo la meta. Los últimos trescientos metros son mágicos, que
maravilla que gozada solo por estos momentos, merece la pena todo el trabajo y
sufrimiento. Esprinto miro al cielo y cruzo el arco. 3:23:01. Me he quedado a
dos minutos de mi mejor marca, pero nada, lo importante es que he vuelto a
vencer al maratón. Muy cansado pero tremendamente contento de mi carrera.


Quizás haya sido el maratón en el que más he
disfrutado, lo he vivido con un esfuerzo
muy controlado y en el que en ningún
momento he visto que peligrara la carrera. Otra más y ya van unas pocas. Mis compañeros bastante bien, Jorge hizo un buen maratón
entrando en 3:22, Javi también cumplió objetivo quedándose en 4:20.
Volveré, pues como dice el dicho, Correr en
Sevilla es una Maravilla.............