Para poder seguir a veces hay que empezar de nuevo, quizás
esta frase defina claramente el cambio que he decidido realizar, debido por una parte a la necesidad de seguir
corriendo y por otra a la de buscar nuevas sensaciones dentro de este mundillo.
Todo empezó hace aproximadamente un año cuando decidí
inscribirme en el trail de Euroafica que discurría entre Algeciras y Tarifa. Era una
carrera tremendamente atractiva en su primera edición y que atravesaba los
parques naturales de los Alcornocales y del Estrecho. Por delante me quedaban más de cuatro meses para prepararla, tiempo más que
suficiente. Empecé a realizar numerosas
salidas por senderos, metiendo gran cantidad de carga de kilómetros, alternando
con MTB y así casi todo el verano. A
principio de septiembre empecé a notar unas ligeras molestias en la planta del
pie izquierdo. No le di la mayor
importancia y continúe dando caña. Pero
este pequeño dolor que cuando empezaba era bastante llevadero, fue
convirtiéndose en un auténtico calvario hasta el punto de hacerme parar. Me
puse en manos del fisio y aunque se
atenuó algo, continuaban las molestias. Decidí parar tres semanas en la que no
corrí nada, solo me refugiaba en mi bici de montaña que era la que mantenía
viva la llama de poder participar en mi objetivo. Pero nada, todo seguía igual y ya no quedaba más remedio
que acudir al podólogo y más tarde al traumatólogo. El primero me aconsejó que
me hiciera un estudio de pisada y empezar a valorar de donde podía venir el
problema. El médico me mandó una resonancia.
El resultado fue demoledor, el
temible Neuroma de Morton se había apoderado de mi pie. Y ahora qué..? Es lo que le dije al médico. En primer lugar
me dijo que había tres soluciones. La primera era la de olvidarse de correr por
bastante tiempo hasta que el neuroma se pudiese reasolver por sí solo. La
segunda era la opción de la cirugía. Esto ni se me pasaba por la cabeza, no
estaba dispuesto a que me tocaran el pie. La tercera era la infiltración. Esta
última tenía sus pros y sus contras. Existía la posibilidad de que se formasen
cristales en la zona que me podrían dar
problemas en un futuro, pero que el resultado era espectacular. En dos días me
indicaron que podría empezar a correr poco a poco sin dolor, pero que existía
bastante posibilidad que sobre el mes
aparecieran de nuevo los dolores. Me
decidí por esta última. Fueron dos pinchazos en la zona y como por arte de magia desapareció el dolor.
Decidí no participar en el Trail para no
correr riesgo y empecé a entrenar de nuevo. Todo volvió a la
normalidad, las salidas eran más bien
cortas para no arriesgar y empecé a pensar en otro importante reto que tenía en
la cabeza, El Maratón de Sevilla. Era mediados
de Noviembre y después de estar parado más de un mes aún tenía tiempo de
prepararlo. Aunque las molestias habían casi desaparecido, aun al correr, sentía un cosquilleo
en el pie que me hacía dudar y los fantasmas estaban siempre presente.
Casualmente encontré en internet una página en la que el autor había tenido el
mismo problema. Él lo solucionó a base de darle libertad al pie. Cambio la
forma de correr, dejó las zapatillas amortiguadas y empezó a correr de forma
minimalista. Empecé a informarme y a visitar páginas y foros y llegué a la
conclusión de que lo tenía que intentar.

En principio el cambio era complicado,
muchos años corriendo con tope de amortiguación y de pronto cambiar al otro
extremo. Las zapatillas minimalista que había en el mercado no eran baratas y
era reacio a hacerme con unas y que luego este invento no cuajara. Había leído que
mucha gente había empezado con unas zapas que vendían en Decathlón y que tenían
drop cero, las newfee. Casualmente tenía una vieja que compré hace algún tiempo
y casi no le había dado uso. Le quité las plantillas y me lancé de cabeza al
minimalismo. Todas las informaciones que hay en la red de gente con bastante
criterio en el tema, aconsejaban empezar a correr con mucha cautela ya que hay
que pasar por una transición obligatoriamente para no cae lesionado, pues la
forma de correr es diferente y se utilizan otros músculos que con las zapas
normales trabajan muy poco. Los inicios
fueron muy tranquilos. Mis salidas consistían en empezar con las zapas de
siempre sobre ocho o nueve kilómetros y
terminar con las minimalistas que las llevaba en una mochila haciendo siempre menos de dos.


Poco a poco fui
cambiando la tendencia y di el paso decisivo, empecé a correr descalzo. Al mes aproximadamente
dejé las amortiguadas y ya solo corría tres kilómetros descalzo y tres con las
minimalistas. Las sensaciones eran inmejorables, sentía una sensación de
libertad en mis pies que disfrutaba
corriendo como nunca lo había hecho. Evidentemente sentía algunas
molestias sobre todo en los gemelos y soleos que se me cargaban más de la
cuenta. Todo esto debido al cambio de técnica. Ya no talonaba y aterrizaba en
cada zancada con el antepie. Del neuroma ni me acordaba. Poco a poco fueron
despareciendo las molestias de las piernas y cada vez iba metiendo más
distancia descalzo, eso sí, siempre por carril bici y por zonas con buen piso. De
vez en cuando alguna piedrecilla me hacía ver las estrellas, pero jamás tuve
ningún corte ni herida, solo mucha mugre al termina. Todo iba fenomenal pero me
surgió la gran duda. Estaba inscrito en el maratón de Sevilla y tenía que
decidirme, solo quedada algo más de un mes. Evidentemente no estaba en condicione aun de afrontar una prueba de
esta entidad en plan minimalista. O seguía con mi progresión y desistía de
correr en Sevilla o volvía con mis zapatillas de siempre para garantizar tener un
mínimo de condiciones. Opté por aparcar de momento el minimalismo. Me apetecía
mucho correr mi séptimo maratón. A primero de Enero empecé a prepararlo. Era consiente que no tenía mucho tiempo pero había que intentarlo. En
esta edición saldría a disfrutar y me olvidaría de marcas.
Me encontraba raro al correr, intentaba no talonar pero me
resultaba muy complicado. Pero quedando algo menos de un mes, empezó de nuevo
el neuroma a dar la lata. Sentía un
ligero dolor en la planta del pie que me molestaba lo justo para no ir cómodo. No me apetecía infiltrarme de nuevo y se me
ocurrió hacerle un vaciado a unas plantillas viejas que tenía para que la zona
dolorida estuviese libre de la presión al pisar. Y así de esta manera chapucera
logré terminar mi escueta preparación y estár en Sevilla. El maratón discurrió mejor de lo
esperado. Paré el crono en un tiempo bastante digno para el
estado en el que llegué.
A la semana siguiente retomé mis salidas descalzo y me compré unas huaraches . Actualmente les he
hecho a las sandalias casi cuatrocientos kilómetros y casi puedo asegura que he concluido mi transición
al minimalismo. He realizado tiradas de
más de veinte kilómetros tanto por asfalto, carriles y por terrenos no muy técnicos.
No siento ningún tipo de molestias y cada vez disfruto más corriendo. Es una
autentica gozada correr con sandalias. Soy consciente que aún me queda mucho
que aprender de todo esto.
Ya no hay vuelta atrás, seguiré con mis huaraches y descalzándome
siempre que pueda. No volveré a las amortiguadas…..o eso espero.